PROMOTOR

Promover en Holanda o en España: qué cambia en la financiación

Alfonso Martínez Ruiz
Fundador y Consejero Delegado, Montclare Capital Partners · Publicado agosto de 2026 · Revisado agosto de 2026

Promover en Holanda y promover en España se parecen en la aritmética y se diferencian en casi todo lo demás. Un promotor que traslada su forma de trabajar de un país al otro sin ajustarla descubre las diferencias en el peor momento, que es cuando ya ha comprado el suelo y necesita que alguien financie la obra.

El suelo, que es donde empieza la diferencia

En los dos países el suelo es el activo más difícil de financiar, porque no produce nada y su valor depende de un permiso que todavía no existe. La diferencia está en el grado de certeza que ofrece el planeamiento.

En los Países Bajos el proceso urbanístico es lento pero muy previsible, y el promotor sabe con bastante precisión qué podrá construir y cuándo. En España la previsibilidad depende muchísimo del municipio y del tipo de suelo, y esa varianza la pagan los financiadores en forma de porcentajes más bajos y más garantías. La consecuencia práctica es que en España el suelo se financia peor y hace falta más capital propio en la fase inicial.

Las preventas, y cómo se leen

Aquí está la diferencia cultural más relevante. En España la preventa con arras es una pieza central del expediente: el banco quiere ver un porcentaje del producto vendido antes de abrir la financiación de la obra, y esas arras, con sus avales, son parte de la garantía del proyecto.

En Holanda el modelo típico es distinto: el comprador contrata la vivienda y va pagando conforme avanza la obra, con un esquema muy estandarizado y con garantías sectoriales para el comprador. El financiador lee la certeza de la demanda de otra manera.

El error de traslado es directo: un promotor holandés que llega a España sin entender el peso de la preventa monta el proyecto con un plan comercial que llega tarde y se queda sin financiación de obra; y un promotor español que llega a Holanda esperando que el sistema de arras funcione igual se encuentra con otro reparto de riesgos.

Las disposiciones y la certificación de obra

Esto sí funciona parecido, y es la parte técnica que ningún financiador negocia: el dinero de la obra no se entrega de golpe, se libera por tramos contra obra ejecutada y certificada. Un técnico independiente designado por el financiador valida el avance, y de esa validación depende la disposición siguiente.

Donde aparecen las diferencias es en el detalle documental y en los plazos de la propia certificación. Y en las dos jurisdicciones vale la misma advertencia: un desfase entre lo que el constructor factura y lo que el técnico certifica se convierte en un problema de tesorería del promotor, no del banco.

Los sobrecostes y quién los cubre

La pregunta que decide proyectos. Todo financiador de obra exige un colchón para imprevistos y quiere saber quién lo aporta si se agota: el promotor con capital adicional, el constructor asumiendo parte, o nadie, en cuyo caso la obra se para.

La diferencia entre los dos mercados está en la solidez del contrato de obra. En Holanda es habitual un contrato más cerrado, con reparto de riesgos más explícito. En España hay más variedad, y la calidad de ese contrato influye directamente en el importe que el banco está dispuesto a poner. Un contrato débil no encarece la obra: encarece la financiación.

La salida, que se diseña al principio

Financiación de obra se devuelve de dos maneras: vendiendo o refinanciando el activo terminado como inversión en renta. Conviene decidirlo antes de empezar, porque cambia el producto que se construye, el ritmo comercial y el tipo de financiador al que hay que acudir.

Y conviene tener las dos abiertas mientras se pueda. Un proyecto que solo puede devolverse vendiendo, en un mercado que se enfría, es un proyecto sin salida; uno que puede pasar a renta gana tiempo.

Lo que se traslada y lo que no

Se traslada el oficio: leer un solar, dimensionar una promoción, controlar una obra, negociar con un constructor. No se traslada el expediente: la certeza urbanística, el peso de la preventa, la forma del contrato de obra y el tipo de financiador cambian de un país al otro.

Por eso el primer proyecto en un mercado nuevo se prepara con más capital propio y menos prisa que los siguientes. Es la forma barata de aprender las diferencias; la cara es descubrirlas con el suelo ya comprado.

Montclare no actúa como prestamista. Estructura la operación, prepara el expediente y coordina la financiación con entidades autorizadas.