FINANCIACIÓN PÚBLICA

CDTI: financiación para I+D, y por qué no es una subvención

Alfonso Martínez Ruiz
Fundador y Consejero Delegado, Montclare Capital Partners · Publicado agosto de 2026 · Revisado agosto de 2026

La mayoría de las empresas se acercan al CDTI esperando una subvención. Lo que el CDTI da sobre todo es crédito: dinero adelantado contra un proyecto en vez de contra una garantía, reembolsable, en condiciones que ningún prestamista comercial ofrecería por el mismo riesgo. Esa distinción cambia lo que la institución examina, y explica por qué empresas que llegan con un expediente bancario impecable reciben un no que no acaban de entender.

Crédito contra un proyecto, no contra una garantía

La unidad de análisis es el proyecto. Un banco pregunta quién es usted, cuánto gana y qué garantía puede ofrecer. El CDTI pregunta qué pretende desarrollar, por qué el resultado es incierto y si su equipo puede terminarlo. Son dos conversaciones distintas y hay que llevar preparada la segunda.

Según la ficha publicada para su línea ordinaria de investigación y desarrollo en enero de 2026, la financiación cubre hasta el 85 por ciento del presupuesto aprobado, con al menos un 15 por ciento de recursos propios de la empresa, sobre un presupuesto mínimo elegible de 175.000 euros y proyectos de doce a treinta y seis meses. La devolución se hace en diez o quince años con dos o tres de carencia, a euríbor a un año fijado en el momento de la aprobación y con suelo cero.

El tramo no reembolsable, y el equívoco que genera

Aquí es donde una afirmación técnicamente cierta se convierte en engañosa con más frecuencia. El CDTI publica un tramo no reembolsable de entre el 10 y el 33 por ciento de la ayuda, y ese rango se cita a menudo como si fuera una banda negociable. No lo es: es una tabla de categorías. El 33 por ciento corresponde a proyectos orientados, y la cofinanciación europea en determinadas regiones alcanza el 20 o el 30 por ciento para empresas pequeñas. Para un proyecto ordinario de investigación y desarrollo sin cofinanciación europea, la cifra publicada llega hasta el 17 por ciento en pyme y hasta el 10 en gran empresa.

Hay un segundo detalle que casi nadie mira: ese tramo se calcula sobre una cobertura máxima del 75 por ciento del presupuesto aprobado. Es decir, subir la cobertura del 75 al 85 por ciento no genera más dinero no reembolsable. Se financia más proyecto, pero la parte que no vuelve no crece.

Y el resto sigue siendo deuda. Aparece en el balance, tiene calendario de amortización y lo va a leer como obligación cualquier financiador que venga después. Una empresa que presenta el CDTI a su banco como “ayuda” y no como deuda subordinada tendrá esa conversación dos veces.

Qué cuenta como innovación

La pregunta que decide no es si el resultado es novedoso, sino si llegar hasta él exige resolver una incertidumbre técnica. Que el resultado sea nuevo para la empresa o nuevo para el mercado no zanja nada por sí solo.

Comprar una máquina avanzada e instalarla es inversión, no desarrollo. Combinar tecnologías conocidas de la forma conocida es ingeniería. Solo un producto o un proceso cuya viabilidad está genuinamente sin resolver entra en el mandato, y la evaluación distingue esos tres casos con bastante precisión. Escribir la memoria describiendo lo que se va a comprar en lugar de lo que hay que averiguar es el error de redacción más repetido.

La memoria, el presupuesto y las colaboraciones

El presupuesto elegible es más estrecho que el presupuesto que la empresa tiene en la cabeza. Entra el personal dedicado al desarrollo, los materiales consumidos en él, subcontrataciones específicas y determinados gastos generales; no entra la actividad comercial. Y hay un techo que reordena muchos proyectos: por regla general las colaboraciones externas no pueden superar el 65 por ciento del presupuesto elegible. Una empresa que había pensado externalizar casi todo el desarrollo descubre tarde que ese proyecto, tal y como estaba planteado, no cabe.

Existe la posibilidad de anticipo, publicada hasta el 50 por ciento con un límite de 300.000 euros, que es la diferencia entre financiar el desarrollo mientras ocurre o adelantarlo con tesorería propia y recuperarlo después.

Ventanilla abierta frente a convocatoria

El CDTI etiqueta sus instrumentos principales de innovación como abiertos todo el año, mientras que sus programas competitivos funcionan por ventanas publicadas. Saber en cuál de los dos regímenes está el instrumento que interesa forma parte del análisis: en agosto de 2026 la mayoría de las convocatorias competitivas ya habían cerrado entre marzo y julio, mientras los instrumentos permanentes seguían admitiendo expedientes.

La empresa que no sabe en qué régimen está su instrumento, o espera una ventana que ya pasó, o retrasa una solicitud que podría presentar hoy.

Dónde encaja con la deuda bancaria

El proyecto de desarrollo casi nunca se financia solo. Lo habitual es que conviva con inversión en equipos, con circulante y con la deuda que la empresa ya tiene. El orden importa: la aprobación del CDTI cambia la conversación con el banco, porque acredita que un tercero técnico ha revisado el proyecto y ha puesto dinero detrás. Al revés funciona peor.

Y hay una condición que sobrevive al cobro: el mantenimiento de la inversión durante el periodo comprometido. Incumplirlo convierte una ayuda antigua en un pasivo presente, con intereses y sin margen de negociación.

Las cifras citadas son las publicadas por el CDTI y consultadas el 10 de agosto de 2026. La institución revisa sus fichas de instrumentos a principios de cada año, de modo que conviene citarlas con su fecha. Lo que no se mueve es el mecanismo, el criterio y el expediente que se espera.

Montclare no actúa como prestamista. Estructura la operación, prepara el expediente y coordina la financiación con entidades autorizadas.